Así suena el dolor

Así suena un alma destrozada. Micah P. Hinson nació en Memphis sólo hace 30 años. Ayer lo escuché, y con extrema claridad percibí sus lamentos de una voz quebrantada y rendida. Acudí a su actuación en La Rambleta porque me lo pidió Luis Esparza, ese gran único amigo que todos deberíamos tener con el que aprendí que la música no era sólo sonido sino poesía y actitud.

Presté centrada atención en sus llantos, uno a uno, que me susurraban gritándome bajito los últimos suspiros de una vida.

Creo que Micah no canta canciones, su música debe ser la mejor manera de contarnos algo que quisiera nunca haber vivido. Le acompaña su extraña guitarra, varias a decir verdad, raras, estropeadas, con sonidos  secos, con un rasgueo lento a veces de rabia y a veces de cariño, pasando del éxtasis a la lágrima en pocos acordes.

Sabe que instrumento y cuerpo son el camino por el que circulan los sentimientos vividos, las crudas experiencias que nunca debió haber tenido a su corta edad y que desembocan en su voz para traer hasta aquí el sonido del dolor, la derrota, de la supervivencia y una compleja visión del amor.

Las posibilidades son infinitas ahora,

el pronóstico no tan bueno para mí ahora.

Cuando se dio la vuelta

se desgarró.

Micah está en el escenario, obsesionado entre gemidos y suspiros con sus cables, sus interruptores, sus conectores, buscando una caótica perfección sonora que arrope sus llantos. Se sujeta por un cuerpo que apenas le aguanta, inmóvil y extasiado en sus cortas y extrañas letras.

Micah se pierde a veces intentando localizar el zumbido que la electricidad ha llevado hasta allí para entorpecer la armonía de la tristeza. Y entre canción y canción se atreve a decir aquí estoy yo gracias por venir, y hasta parece simpático e irónico pero entonces vuelve a transformarse, al tiempo que cambia la luz  del escenario y se vuelve tenue, y rasguea de nuevo su guitarra para  volver a poner sonido y alma a sus últimos versos.

“A toda esa gente que cuchichea durante las canciones… No sé cuál es el precio de la entrada, pero yo no tengo ningún amigo que valga lo suficiente como para tirar el dinero que he pagado hablando con él. Puede que no os guste lo que estoy tocando, pero me importa una mierda. ¿Qué dicen esos tipos de ahí? En fin, no sé, no entiendo lo que dicen, no me importa”.

Lo puedes relacionar con el suicida Elliot Smith en actitud, con Jeff Tweddy como influencia y con Calexico como colchón instrumental. Lo críticos lo hacen con Dylan o con el mismísimo Cohen, pero dudo que a él eso le importe mucho.

Micah es aún demasiado joven y canta como si quisiera  despedirse. La vida ha sido dura con el, no se sí justa o injusta pero la evidente huella de traumáticas experiencias es evidente. Heridas abiertas o no que parecen sangrar sin César  Todavía no se sí Micah canta para despedirse o para demostrarnos que se puede volver a nacer. O quizás sea todo más sencillo y sólo sea música

No sé si Micah es así pero os cuento lo que sentí. Es difícil de describir, si no te gusta no intentes criticarlo, y si te gusta intenta comprenderlo, pero tal vez no lo consigas.

Estoy cavando una tumba bajo la luz de la luna

Esperando que el sol no salga jamás

Y no haya ningún otro compromiso.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=dRH_ZTA6LBA&feature=related]

2 Comentarios

  1. Pedro Reig Catalá 24 noviembre, 2012 at 10:58 am #

    Si tio, un nuevo grande de la talla de Tweddy o Elliot Smith. Desgarrador. Y aún va a ir a más. El folkrock es la ostia

    Responder

    • Pablo Adán 24 noviembre, 2012 at 11:34 am #

      Pedro ¡Podías haber venido conmigo! ya hablaremos un día de música…

      Responder

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