Música para comunicar

Me propuse escribir sobre la música. Una vuelta más de turca sobre los medios a través de los cuales nos comunicamos, igual que las imágenes o las letras.

Dibujar, fotografiar, hablar, escribir… y componer música. Un cierre de círculo perfecto para mi próximo libro sobre Comunicación.

La música transmite sensaciones y emociones; una determinada secuencia de acordes provoca unas sensaciones, y otra diferente puede provocar las contrarias. Unos instrumentos te llevarán a uso paisajes mentales mientras que otros lo harán en escenarios diferentes.

Con JS Bach te relajarás y a los ritmos del reggae tu cuerpo pedirá bailar. Así que relegar la música como un arma para transmitir de emociones y crear estados de ánimo es imposible, y eso lo saben  muy bien los publicistas, que recurren a los músicos para asociar sonidos a marcas, establecimientos y productos.

Pero yo no soy músico, y podría hablar de la música hasta un punto. Por eso recurro a Miguel Ángel Escrivá, músico valenciano, cantante y compositor de La Pulquería de muchas canciones que habrás escuchado en la radio y en la tele, habitual en los festivales veraniegos, y viajero incansable de ritmos rock, latinos y de fusión. También es creador de jingles publicitarios para firmas de primera línea mundial en su empresa 3 Notes. Hablo con él sobre la creatividad, sobre el proceso de componer y de qué se busca trasmitir sentado, con una guitarra en la mano. Y me cuenta cosas muy interesantes.

– Hola Miguel Ángel ¿qué pretendes conseguir cuando compones música?

En mis comienzos con la música no sentía la necesidad de transmitir, hasta que un día me sonó la flauta al gusto de uno que pasaba por allí. Ese feedback fue algo nuevo y gratificante para mí. Pero de partida no era algo que buscara. Como necesario el mero hecho de hacer música, componerla, sólo, en mi habitación. Crear. Eso es antes que transmitir. Y aunque el placer es inmediato porque lo haces para tí, sí  parece que finalmente  alcanzamos la cota máxima de satisfacción cuando conseguimos conectar, llegar, sensibilizar a otros. Porque el verdadero sentido de la música no es hacerla,  sino compartirla; como casi todo en la vida. Ahora bien, tú eres el primero entre el público y si a ti no te agrada además de ser un farsante  no conectaras con nadie. La fórmula podría quedar de la siguiente manera; Crear + Creer = Transmitir.

– ¿Cómo podrías definir tu proceso creativo?

– Depende sobre todo de la finalidad de la música que voy a componer. Si es por encargo me veo obligado a invertir el orden de mi proceso natural. Cuando lo hago para mí manda la melodía, y ello me llevará al estilo, a los instrumentos que quiero utilizar, al disfraz que refuerce el mensaje, en definitiva, a lo que llamamos producción musical. Cuando lo hago para otros el estilo va antes. Partes de una idea preconcebida y unas exigencias sonoras condicionantes.

Normalmente para un spot publicitario te marcan mucho las directrices musicales. Te ciñen aún más. Y no siempre ayuda. En muchas ocasiones, cuando los elementos que debas utilizar son sólo los que te exijan puedes acabar en un callejón tan estrecho que terminas desmoralizado, asqueado y con ganas de abandonar. Hay encargos más abiertos y placenteros,  y también mucho freak fuera de lugar.

La composición ex profeso o  por un encargo te recuerda más al hecho de que esto es un trabajo, alejándose del sentido original,  cuando empuñaste por primera vez una guitarra por el placer de escucharte y crear sin más.

– ¿Y si compones para ti?

Si es  para mí el proceso prioriza otras cosas, no hay condicionantes sonoros. Todo llegará relevando y reforzando el esbozo que nazca de una manera natural. Debo destacar  tres  pasos clave:

Primero,  la melodía. Su carga emocional desde su exposición más básica, por ejemplo guitarra y  voz. Podemos escoger un tipo de acordes que ya nos sugiera  una melodía u  otra. Son muchas las que podemos improvisar, saber elegir mostrará claramente tu sensibilidad, originalidad, sencillez, complejidad, etc. No es algo mental, te dejas llevar. La gente piensa que haces una melodía triste porque lo estás. En mi caso, la mayoría de las veces es por todo lo contrario; empuño con verdaderas ganas la guitarra y eso, aunque de ahí fluya una balada, significa que estoy preparado, con ganas, que todo marcha bien. A veces, muchas, tocas sin más y te asaltan influencias, tocas algo que te recuerda a otra canción y te lo llevas a un terreno propio. Lo que escuchamos se va a manifestar en un altísimo porcentaje a la hora de tocar y componer, algo así como lo de “somos lo que comemos”.

Las composiciones  que enganchan son las dotadas de alma, las imprevisibles, correctas en armonía pero no por ello en forma. Y no digo que se deban plantear sólo así, pero que como surjan hay que  intentar dejarse  llevar,  tratando de no reducirlas a un modo o estructura previsible.  Desde el esbozo, tal  brote creativo va menguando en muchas ocasiones hasta ser reforzado o sustituido por el esfuerzo, algo de coherencia y capacidad.  Visceralidad + Esfuerzo. 

–       Pero ¿creamos con la cabeza o con el corazón?

Creamos de corazón pero componemos con la  cabeza. Creo que jamás me he sentado para componer con premeditación, en cambio sí lo he hecho porque tenía que proseguir con una idea o terminar de matizarla; esta es la parte de esfuerzo que mencionaba antes. Así que en el caso de empezar algo como he dicho no lo sé y comienzo a tocar por el placer de hacerlo. En ese instante la improvisación puede llevar a destacar algo digno o susceptible de convertirse en canción. Es entonces cuando tarareo sin más y diferencio las partes: Intro, estrofa, puente y estribillo. Si llego al estribillo con convicción sé que ya lo tengo, el resto de las partes pueden surgir ahí mismo o puedo trabajar en ellas de una manera más fría, aunque suene mal decirlo.

– ¿Y después la letra?

Efectivamente, la letra en segundo lugar. Ésta viene afectada de vivencias, pasajes tristes o alegres de trayectoria por la vida, de tu percepción ante las cosas, en definitiva se acerca más a la intención de transmitir algo más concreto. Es el paso más meditado y sentido, rebuscando mucho más en nuestro interior, al contrario que a la hora de componer la línea melódica que es más producto de la improvisación o el placer de canturrear algo. Creo importante destacarlo como paso dos porque música es lo que hacemos, lo primero que escuchamos, lo que nos llama la atención.

Podría compararlo con que estando en un bar te guste o no alguien que ves entrar por la puerta. Te llama  la atención por su físico, eso es la melodía que nos engatusa, ahora bien, todo se puede ir a la basura o acercar a esa persona hacia la perfección dependiendo de las delicias o incongruencias que manen de su boca. Esto sería la letra.  La música va entes. Como el físico.

Ojo, no hablo de grado de importancia, si no de reclamo y atención. Desde bien pequeños escuchamos música en otros idiomas que nos emocionan sobremanera, en su mayoría inglés, y resulta significativo que exista esa emoción aun en el caso de no entender nada.

–  ¿ Y qué pasa si escribimos la letra antes?

Pues que probablemente no des con una melodía reconocible, una no tan simpática tonadilla. Cuando he intentado cantar una melodía con un texto ya escrito me he sorprendido y aborrecido a mí mismo al instante como un terrible “cansautor”.

– Vale, seguimos ¿Ahora los instrumentos?

Así es, en tercer lugar la instrumentación, y los arreglos; la producción.

Recurriendo al ejemplo de una persona que acabamos de conocer, si la melodía es su físico, la letra su manera de pensar y expresarse, la producción sería su aspecto físico, su ropa, su apariencia. He utilizado antes la expresión ” disfraz” porque la producción que le demos puede engañar y llevarse la canción de un terreno a otro. Marca el estilo y por consiguiente el público.

Una canción a medio tiempo puede ser muy agradable y comercial por su bajo nivel de decibelios, elementos suaves como cuerdas, coros, baterías tocadas con escobillas en lugar de baquetas de madera, guitarras acústicas en lugar de distorsionadas, etc… Pero esa misma podemos disfrazarla de Rock añadiendo instrumentos de tal carácter o recurrir a su sustrato más melódico para convertirla en Pop.

Por ejemplo “Sweet Child O’mine” y toda su descarga de decibelios compuesta e interpretada por los gamberros Guns N’Roses quedó reducida a una simple, o bella, canción Pop. O por ejemplo del blues más ácido y agradable al metal industrial de Ministry con ” Roadhose Blues”. O también jugaron con ” Smooth Criminal” de Michael Jackson los californianos Alien ant Farm. Existen infinidad de ejemplos donde poder ver el peso de una producción.

Crear y transmitir no es una necesidad vital, pero cuando lo puedes hacer es tan necesario como lo es  divertirte desde que eres niño. Y si no lo haces vives muerto día a día. Es por eso que lo puedes ver como un juego. Un juego que seguido de esfuerzo se convierte en trabajo y en algunos casos en profesión.

–       Gracias Miguel Ángel, he aprendido mucho.

Gracias a ti Pablo. ¿Nos vemos en mi próximo concierto?

–       Por supuesto.

Evidentemente Miguel Ángel sabe de lo que habla, y me gusta. Habla de visceralidad, de coherencia y de esfuerzo, y eso me encaja muy bien.

No comments yet.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
UA-6441553-3