¿Cuánto Valgo?. Precio y Marca Personal

¿Cuánto valgo? ¿, ¿cuánto ganan¿…. El salario nuestro, y el de los demás, nos lleva inevitablemente a una reflexión eterna, con su dolor de cabeza correspondiente? ¿cuánto vales?

Como un objetivo del cuidado proceso de formación de nuestra marca la representación física de nuestro valor, el precio, aparece en un momento u otro. Cuando observamos detenidamente la lista publicada en medios económicos de los salarios medios que cobran los ejecutivos españoles no podemos dejar de pensar… ése no seré yo. Si queremos ser profesionales con marca y con valor, el precio es una de nuestras variables, queramos o no. A la hora de valorar nuestro trabajo, el valor de nuestros proyectos, una serie de cuestiones debemos plantearlas de una manera rigurosa:

  • ¿hacemos tan sólo el trabajo para el que se nos paga, o hacemos más?
  • ¿qué valor aportamos a nuestros clientes con nuestro trabajo?
  • ¿qué rentabilidad obtiene la empresa con nuestra dedicación?
  • ¿piensas que comparado con otras personas de tu empresa que realizan labores similares estás en una situación salarial justa?
  • ¿qué salario obtendrías con tu trabajo en otra empresa?
  • ¿te sientes valorado y considerado teniendo en cuenta tus circunstancias personales?

Como podemos apreciar, el salario, nuestro precio en el mercado, nuestro valor, tiene dos dimensiones diferentes para su análisis;

  1. el valor recibido en términos económicos y de bienestar
  2. el valor aportado a la empresa

Respecto al valor recibido hay dos tendencias omnipresentes en casi todos los casos:

  • tendencia victimista: “trabajo mucho, cobro poco”
  • tendencia modesta: so digo lo que creo que es justo, igual pierdo esta oportunidad.

De la capacidad que tengamos para afrontar y equilibrar estas dos tendencias con el máximo rigor y seguridad puede depender nuestro futuro no sólo económico, sino de satisfacción laboral.

Cuando hablamos de valor recibido no sólo deberemos ponderar el aspecto económico, sino otros parámetros que a medio plazo serán también de suma importancia para nuestra satisfacción. Hago clara referencia a aspectos como el prestigio, el bienestar, los beneficios sociales, la compatibilidad con la vida familiar, y otra serie de aspectos que siempre, da igual tiempos de crisis que de bonanza, deben considerarse como fundamentales.

Concretando ahora acerca del valor aportado surgen de nuevo diversas cuestiones a tener en cuenta. La primera es el  tiempo que  la empresa puede tardar en recuperar la inversión que han hecho en mí , en formación, y en el tiempo de adaptación.  Ese umbral debe ser una aspecto prioritario antes de plantearse nuevas cuestiones.

Entre estas nuevas cuestiones podemos destacar dos: una de ellas hace referencia a la dependencia que nuestros clientes tengan de la empresa o de nosotros. Sabemos que es una barrera clave para la estabilidad, sobe todo del aspecto comercial de nuestro trabajo. La otra se refiere a la dependencia que tenga nuestra actividad de la estructura, los medios o los productos de nuestra empresa.

Debemos entender que nuestra rentabilidad en una empresa se valora en tres niveles: los gastos que ocasionamos, nuestro salario, los gastos derivados de nuestra actividad, y nuestro aporte a los beneficios de la empresa.

Llegados a este punto, y por no extenderme más, un profesional con marca conlleva un valor añadido, igual que determinadas marcas comerciales lo llevan frente a otras.

Así pues, es el precio, el valor, un aspecto más de un personal con marca ¿a qué esperas para desarrollarla?

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