El liderazgo no es un cargo, es una actitud

la actutud es el reflejo del liderazgo

No, el liderazgo no es un cargo. No es algo que pone en tu tarjeta, no es algo que tú mismo dices, no es un lugar en el organigrama de una empresa. El liderazgo es una actitud.

Cuando escucho que alguien se define a sí mismo como un líder me saltan las alarmas. Queda muy americano, pero por favor no banalicemos un término tan noble.

Visto lo visto, no creo que haya exactamente una confusión del término, es más bien un abuso del mismo.

Pero empecemos por el principio.

1. El liderazgo es actitud

Liderar no es un concepto estático, es un concepto dinámico. El liderazgo no es algo que se tiene, sino que es algo que se ejerce. No es algo que uno dice de sí mismo, es algo que dicen los demás de alguien.

No, el liderazgo no es un cargo. Liderar es influir, es cambiar la actitud, es guiar, es modificar el pensamiento, es dar resultados. Es marca personal en estado puro.

Básicamente, la mayoría de estos términos tienen que ver con la capacidad de persuasión. Porque el líder es alguien que está muy por encima del cargo, y su carisma es como una luz que atrae.

Liderar es influir

  • Es conseguir llegar a las personas, a través de tus actos y de tus palabras.
  • Tomar la iniciativa; es hacer, es ser, es estar. Esa es la misión.
  • Se trata de dar ejemplo, ser el primero en hacer las cosas, estar junto a tu gente, sufrir con ellos y celebrar con ellos.
  • Y nunca perder de vista que la influencia es una gran responsabilidad hacia los demás.

Cambiar actitudes

  • A través de la motivación, del trato diario.
  • Es sacar lo mejor de las personas, descubrir y valorar su propia capacidad.
  • También es ayudar, transformar, enseñar, desarrollar su potencial.
  • Porque el líder genera cambios.

Guiar al equipo

  • Ser un guía porque saben que el líder tiene el camino claro.
  • Ofrecer seguridad.
  • Trazar un camino de éxito para el beneficio de todos.
  • Saber que siempre hay una luz.

Modificar el pensamiento

  • Enseñar a pensar y a tomar decisiones.
  • Delegar y empoderar a las personas.
  • Contagiar lo positivo frente a lo negativo.
  • Aumentar la fe en las posibilidades de cada uno.

Dar resultados

  • Porque todo esto sin dar resultados y éxitos es muy complicado. La confianza requiere capacidad y hechos.
  • La capacidad de dar resultados la ofrece el líder a través de la experiencia y el conocimiento adquirido.
  • Los hechos, sabiendo que se ha degustado el sabor del éxito.
  • Y transformar, porque pequeños cambios son ya resultados. Aunque hay un resultado siempre mayor: conseguir los objetivos.

2. El líder y el equilibrio emocional

Si analizamos los puntos destacados (la lista se haría interminable si no la acotamos destacando lo esencial) vemos que tiene que existir un equilibrio emocional.

La inteligencia emocional, que, a pesar de su explotación conceptual, sigue estando a mi juicio infravalorada. Y me refiero a la búsqueda en su equilibrio.

He comprobado, como muchos de vosotros, que la correcta gestión emocional interna (el líder consigo mismo) y hacia los demás (la gestión del equipo y de sus interrelaciones) genera ese necesario equilibrio que evita la sensación de falta de control y de incertidumbre. Y he comprobado también el efecto contrario.

Evitar la montaña rusa de las emociones en el entorno del equipo facilita la creación de un ambiente natural y normal para la gestión de un equipo (como dirían en química “en condiciones normales”) y emprender un estilo de liderazgo y de actitud que coordine correctamente la parte racional y la parte emocional.

Si seguimos en esta línea, y dividimos las actitudes de liderazgo en racionales y emocionales tendríamos, entre otras:

Actitudes racionales:

  • Somos un equipo, hablamos en primera persona del plural. Del yo al nosotros.
  • Tenemos un plan y unos objetivos, y deben ser conocido y aceptado por el equipo.
  • Disponemos de apoyo. Solicitemos los necesarios los recursos (medio técnicos, humanos, económicos, tecnológicos) para conseguir los objetivos.
  • Predicamos con el ejemplo, lo que además supone la gestión del conocimiento al demostrar el líder cómo se hacen las cosas.
  • Analizamos lo que está pasando. Revisemos los que ocurre, hagamos un seguimiento del plan y valoremos qué está dando.

Actitudes emocionales.

  • Somos un equipo. Gestionamos de forma correcta las relaciones entre todos; nos necesitamos, nos ayudamos.
  • No perdamos la calma. Controlamos tanto los subidones como los bajones anímicos generados por buenas o malas noticias.
  • De todo se aprende. Utilizamos los fracasos para aprender y mejorar, no para reprochar.
  • Tenemos que ser mejores. Mejoramos las relaciones entre los miembros del equipo y motivando hacia el aprendizaje.
  • Nos necesitamos. Entre todos llegaremos más lejos.

3. El liderazgo es el resultado de una actitud

El liderazgo es el resultado de una actitud, y es precisamente de lo que va este post. De que el liderazgo es el resultado de una acción de jerarquía, de una adecuada gestión de las variables.

El líder no es simplemente un jefe, el liderazgo no es un cargo. Ser jefe te lo da el cargo, la tarjeta, la posición en el organigrama, las responsabilidades.

Pero la palabra líder te la dan los miembros de tu equipo. Las personas pueden aceptar un jefe, pero no deben sentirse obligadas a aceptar como líder a un cargo impuesto. Deben ser capaces de elegir su propio líder, y a veces éste puede ser, en ausencia del liderazgo jerárquico, el de un miembro del equipo que ejerce las funciones de ayuda, escucha y coordinación.

Porque me encanta la frase “La actitud es el reflejo del liderazgo”

Porque el liderazgo no es un cargo, es el resultado de una actitud. La actitud es la forma en la que proyectamos nuestra identidad y nuestro liderazgo. Es nuestra identidad en acción.

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