El instinto malvado

El mal está dentro

Supongo que a veces te lo has preguntado. Ese instinto malvado, esos arrebatos de ira ocasionales, esos pequeños engaños, esas ganas de desear el mal a alguien, que posiblemente se lo merece… Bondad o maldad son dualidades de la mente del ser humano en constante conflicto, aunque no lo sepas.

El mal está dentro

El mal ha sido establecido a lo largo de la historia como algo natural, y la interpretación de las leyes de la naturaleza o de la moral social se hace en cada momento, según quien manda. Y, asumiendo la existencia del mal, necesitamos normas que lo eviten y condenen.

Las religiones comienzan a dar al mal un significado moral negativo y pecaminoso. Nacemos en pecado, heredado de Adán y Eva, y con sus hijos Caín y Abel comenzaron los enfrentamientos fratricidas, y así el mal se transmite de generación en generación.

¿Cómo nos va a ir bien dando por hecho que tenemos un instinto malvado?

El diablo, la encarnación del mal

Y así, con la idea de evitar que se nos vaya de las manos, hay que darle forma, para poder identificarlo y así poder luchar contra él. Entonces aparece el diablo en imagen como encarnación del mal; ahora ya lo podemos ver.

El diablo es una metáfora en la religión, en la mayoría de ellas existe como tal y así se acepta. Tener un referente visual es más fácil para comprenderlo, y saber o imaginar a qué nos enfrentamos.

Es ahora generalmente asumido, tanto entre religiosos como ateos, que el mal está en el interior de cada persona. Es una batalla que se libra en nuestra mente y esta debe luchar contra él. El mal lo llevamos dentro, no está fuera, y por tanto somos responsables de contrarrestarlo y dominarlo, o de pagar por ello.

Pero, ¿tenemos conciencia clara del mal a nivel individual?

Es curioso saber si el miedo a hacer el mal, a reprimir el instinto malvado, a desafiar la norma, es algo material; una multa, una condena, o si por el contrario tiene un componente espiritual o transcendental; la condena moral, el infierno. La gente peca, todos somos pecadores, pero podemos arrepentirnos y ser perdonados. ¿Es entonces suficiente el arrepentimiento?

El instinto malvado y el conflicto

El hombre busca la máxima satisfacción, primero personal y familiar, y llegar al dominio de la naturaleza en última instancia; es instintivo.

Todo lo que hay en medio; las relaciones entre personas, familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo y entre distintos grupos sociales, está sujeto a una lucha por la supervivencia en medio de la escasez y la desigualdad, lo que genera en sí mismo conflictos por la posesión y la distribución.

Doy por hecho el conflicto como algo natural y recurrente, aunque sé que pensar así daría por hecho la presunción de maldad y no de inocencia.

Es una dinámica social inserta en la propia naturaleza. Sobrevive el más fuerte, y la fuerza se demuestra para conseguir cosas que también quieren los demás y someter a las personas.

Entonces podemos pensar que se legitima la lucha y el enfrentamiento. El conflicto y su resolución debe ser hacia el bienestar común, no hacia el individual.

¿Es así?  Este impulso a resolver conflictos no siempre nos ha conducido hacia la utopía del bienestar, sino más bien deriva en una enfermiza tendencia de autodestrucción, admitámoslo. Aquí van algunas preguntas que nos debemos hacer ahora: ¿somos malos y egoístas por naturaleza o por el contrario somos buenos y empáticos? ¿Tenemos solución?

Somos malos o somos buenos

Es un debate apasionante, aunque muy complejo. En esto ha habido dos grandes corrientes que aún se debaten hoy en día:

  1. Por un lado, los que afirman que somos malos, agresivos y egoístas por naturaleza: “El hombre es un lobo para el hombre”, por eso necesitamos autoridad y leyes para controlar el instinto malvado.
  2. Frente a este planteamiento, en el otro lado están los que defienden lo contrario, afirmando que somos buenos, culpando a la propiedad como base de la maldad humana.

Es que sea como sea el origen del mal está de forma innata en el hombre. El mal es un instinto, la bondad es casi una anomalía. Claro que hay hombres y mujeres buenos, pero va a depender del escenario en el que se encuentren.

Hay un escenario para la lucha, la vida y el trabajo, y hay otro para el descanso, la familia y los amigos. El primero ocupa una gran parte del tiempo y en términos de supervivencia es mucho más relevante y, por lo tanto, menos sujeto a la ética y la moral.

El equilibrio de Freud: amor y odio

A esas dos corrientes aún le faltaban nuevas propuestas, y llegó Freud para establecer el punto adecuado. Nos decía que el instinto humano es una eterna batalla entre Eros y Thanatos; amor y odio como instintos naturales en busca del equilibrio y necesarios para construir.

La violencia es humana para defendernos y seguir viviendo, pero se contrarresta con el bien.

El Factor Dark

Es muy difícil saber quién tiene razón. Más bien debería quedar a la experiencia vital de cada uno, si bien ahí no acaba la cosa.

Pasando de la filosofía a la ciencia, como debe ser en estos casos, no hace mucho que un grupo de psicólogos definieron una serie de comportamientos como El Factor D (Dark), el núcleo oscuro de la personalidad, como el origen de la maldad.

Básicamente se resume como una actitud con tendencia a maximizar el interés individual sin tener en cuenta el daño que provoca.

  • O sea, de nuevo el egoísmo.
  • Ahora añade la falta de empatía.

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