La explotación de uno mismo

la sociedad del cansancio

Reflexionando sobre el esfuerzo, la explotación de uno mismo… sigo por la vía hiper realista, y junto a Krizn, en esa extraña abducción donde un extraterrestre puso patas arriba el mundo en el que vivimos, llegó el turno de la dinámica del trabajo, la dependencia de la economía, y la búsqueda de los responsables de la explotación. No, es exactamente el capital. Quizás seamos nosotros mismos.

Libres o esclavos

Byung-Chul Han, un joven filósofo surcoreano que ha puesto patas arriba el concepto actual del mundo en el que vivimos, me causó una gran impresión con su libro “La sociedad del cansancio”, donde, según se mire, partía de principios de Marx adaptados a nuestro tiempo.

Creo en su planteamiento de que la resistencia contra este mundo de hiperactividad sin descanso solo es posible con coacción externa, la presión de la conciencia, de la realidad. Y para eso hay que plantearse de nuevo si somos esclavos o somos libres.

¿Esclavos de qué? ¿De la sociedad, de la economía? No, de nosotros mismos. Porque la explotación de uno mismo es peor que la explotación por los demás. El ansia de producir, de no parar, de no tener nunca suficiente, es la explotación de uno mismo. Marx ya decía que el capitalismo mataba la creatividad y nos utilizaba para hacer trabajos repetitivos que solo servían para garantizar los excedentes de producción. No es nuevo.

Exceso de metas

Creo que el individuo decide explotarse a sí mismo por exceso de metas. Más que del capitalismo creo que nuestra explotación viene por nuestra propia ansia de hacer más para tener más, y por activar ese deseo en vez de reprimirlo. No es exactamente una cuestión política o económica, es más lo personal frente a lo social.

Somos esclavos de la creación artificial de necesidades, de tener más, y lo preocupante es que no nos rebelamos contra eso. Con lo fácil que es.

Pero, ¿Contra quién nos rebelamos?

No hay nadie contra quien rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona. Y cada uno tenemos que evaluar cómo nos comportamos y porqué, y en qué nos hemos convertido, como dice Han.

Y también preguntarnos para qué. Y darnos cuenta que cualquier pequeño contratiempo, como este diminuto virus, puede dar al traste con todo. Y tener que volver a empezar desde la pérdida no es fácil para nadie.

¿Culpables? Está claro: nosotros.

Eso significa que los culpables somos nosotros, y además sumemos que las víctimas de esa hiperactividad son quienes dependen de nosotros: nuestros compañeros de trabajo, nuestras familias. No sé si el sentimiento de culpabilidad en esa ansia vital de tener más ayuda a solucionar las cosas, pero desde luego sí lo hace para reflexionar y cambiar.

Vivimos en el hoy y cada día hay que comer. Nos aletargan y nos anestesian con mensajes como “tu destino está en ti”, “solo tú tienes la llave de tus sueños” o la resonante “puedes hacer lo que quieras si te lo propones”. Son un puñado de mentiras, un engaño basado en la esperanza de un futuro mejor.

Desde mi punto de vista es igual de malo pensar “soy una mierda” que pensar “soy el puto amo”.

Caer y levantarse

Nuestra educación está basada en huir de los problemas, no en afrontarlos y evitar asumir culpas y responsabilidades. Se impone lo inmediato: quiero algo y lo quiero ya. No se fomenta la tolerancia a la frustración, la humildad. No os enseñan a esforzarnos para conseguir vuestros objetivos.

Si te caes, levántate y lucha, así es la vida, la puta vida. Solamente hay una forma de no salir nunca derrotado, levantándose siempre.

La vida puede ser algo para disfrutar o puede ser una cadena perpetua. En gran medida es así de cierto, aunque también depende de cómo te tomas cada circunstancia, de cómo afrontas los problemas y de tu valentía para cambiar las cosas. Primero aquello que depende de ti, y después pensar si puedes cambiar lo que ti no depende.

Controlar la ansiedad vital

No debemos caer en la trampa de ver la felicidad como una meta, porque es mejor centrarse en disfrutar todo lo que puedas del trayecto. No conseguir la meta será frustrante, aunque cumplir tus objetivos también puede llegar a veces a ser descorazonador.

Te enfrentas a una pregunta dolorosa: ¿y ahora qué? Llevas toda la vida luchando por algo, lo consigues y ¿qué haces después?

Por eso insisto desde hace tiempo que es importante ser flexible en las metas personales, pero también lo es saber retarse de nuevo, cambiarlas y adaptarlas a la realidad. Esta actitud nos lleva al crecimiento continuo, a la mejora que tantos ahora hablan. A lo que los japoneses llaman Kaizen, que es un proceso de mejora basado en acciones concretas, simples y con pocos esfuerzos de forma continuada.

La explotación de uno mismo es nuestra propia esclavitud

Estamos en la era de llevar a cabo la pasión. A volar que ya veremos cómo aterrizar.

Dios, no tenemos remedio. Es que somos demasiado normales.

Mis conversaciones con Krizn sobre las tonterías de la vida y la puta realidad.

La sociedad del cansancio (libro)

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