La gran estafa de la política

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Política y realidad

Asisto estupefacto y cabreado ante el devenir político. Son sólo dos de los muchos adjetivos de carácter negativo que utilizaré en este post. Y no es para menos.

A mí me gustaba la política, y reconozco haber votado a más de diez partidos diferentes en los últimos años. Y algunas veces en blanco. Todo un ejercicio de objetividad, aunque no de pragmatismo ni de fidelidad. Es lo que hay.

Pero cada día lo politica se hace más antipática y marginal. Cada día interesa menos a la gente normal. Y digo normal no por nada, sino porque distingo entre los que viven de la política, directa o indifrectamente, y lo que no lo hacemos.

La política no son las personas, sino los partidos. El líder seguro y conductor del devenir de un pueblo  ha ido dejando paso a al “líder según”. Según el pacto, según las encuestas, según de quién depende, según las modas. El oportunismo, vamos.

Puntos de anclaje de la política

Yo pensaba que el debate político tiene tres puntos de anclaje.

  1. Hechos, para juzgar sobre ellos y el pasado. Que básicamente consiste en el beneficio aportado a la sociedad en su conjunto.
  2. Compromisos. Lo que pretenden hacer en los próximos años, por lo que les juzgaremos al terminar la lesgislatura.
  3. Aspiraciones. El ideal, la visión del partido, esa sociedad utópica, ese camino sin final que marca diferencias.

Entiendo que una mezcla equilibrada de las tres es lo que toca, pero estamos, a mi parecer, lejos de eso.

Centrarse en los hechos es pragmatismo. Centrarse en los compromisos es responsabilidad. Hacerlo sobre las aspiraciones comienza a parecer un engaño.

La aspiración que nunca termina

Y digo un engaño (¿el fin de las ideologías?) porque esa aspiración es la de nunca acabar. No estamos para soñar, sino para mejorar. Y si es posible, el mes que viene.

Es una pena, pero es así; es una reuncia a la utopía, pero es lo necesario, es lo urgente con casi 4 millones de desempleados en España y cerca de 1 millón en ERTE.

Y es en este engaño donde están las emociones, donde el juicio no es del presente ni del futuro inmediato, donde se disparan las diferencias. Donde está el negocio político que se justifica así mismo, se protege en su círculo donde todos se necesitan a todos, y evita nuestro juicio racional.

Donde todo es política y donde, casi, se te obliga a tener juicio u opnión.

La batalla de las emociones

Y es que lamentablemente da la sensación que el escenario presente poco tiene que ver con esa mezcla equilibrada de puntos de anclaje, que son de la gestión y que son del juicio.

Hoy, a los electores, siempre con derecho a no serlo, se nos utiliza como interrutores emocionales que se encienden y se apagan, con la connivencia de la prensa que recoge parte de los beneficios, de esa crispación que nos hace importantes cosas que no lo son. Siempre en mi modesta opinión.

Claro que la política tiene una gran carga emocional. Recoge principios éticos y morales, creencias y tradiciones, influencias familiares… y todas tienen un gran componente de emociones. Pero lejos de despertar emociones positivas (fe, ilusión, solidaridad, esperanza) despiertan las negativas (miedo, desilusión, rechazo, ira).

Cuando la ideología ya no son razones, sino emociones, la realidad se queda fuera del juicio.

La difícil postura objetiva

Estas afirmaciones a lo mejor me pone fuera del sistema y sujeto de calificativos horrorosos, pero me sigo preguntando ¿de verdad hacen faltan tantos diputados? ¿Nos van a preguntar sobre los sueldos de los políticos, los coches oficiales, los cargos de designación a dedo o el número de asesores? No, qué va. Y si te lo preguntas prepárate a ser llamado antisistema, populista o cosas peores. Me da igual el color del acusador y el color del acusado, pero así será.

Las cifras hablan de cerca de 400 mil personas que viven de la política, entre cargos y designaciones, el país con mayor número de personas a sueldo de la política (o sea, de los que no lo somos) de la UE, y con una de las flotas más completas de coches oficiales del mundo.

Y no, no creas que está justificado: tenemos el índice de paro mayor de la UE y una de las peores tasas de recuperación del mundo. También la deuda pública supera la media europea.

¿En serio no se pone remedio a estas obscenidades?

La política me parece una gran estafa

Y ante esto mejor que nos hablen de las cosas de hace 80 años o de las utopías de un futuro poco viable e irreal. Mejor no pensar en lo que ocurre de verdad, ahora, en los responsables y en las consencuencias para la mayoría (me refiero a la mayoría que no vive de la  política).

La política en sí misma, hoy por hoy, me parece una gran estafa.

La política solo sirve para que los que viven de ella hagan que los que no lo hacemos nos enfrentemos entre nosotros y así justificarles. Y mientras, ellos siguen viviendo, y nosotros discutiendo.

Ahora llamarme de todo, que no acertaréis. Porque soy un ciudadano normal.

Se nota que estoy algo cabreado. Creo que no es para menos.

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