Storytelling: necesitamos al malo

Como sabemos el storytelling se define en su versión más sintética como “el arte de contar historias”. El otro día hablaba con Eduard Farrán  (creativo y experto en storytelling) a raíz de mi próximo libro sobre Comunicación (Cosas que hice mal aquel Día, y en el que habrá una colaboración suya),  acerca de la necesidad de la exietencia del malo en las historias de storytelling.

Roma y la Vieja Europa

Los creadores del pensamiento social ha ido creando su propio storytelling. En unas ocasiones para explicarnos el mundo y en otras -por desgracia la mayoría de ellas- para manipularnos y hacer crecer en nosotros unos paradigmas de pensamiento que dan por buenas y ciertas algunas historias hasta hacer que formen parte de nuestra cultura y nuestros valores.

El storytelling de la vieja Europa se ha basado en el triunfo de la ley y la civilización frente al barbarismo; Roma fue el héroe, antes sólo había depravación, de forma que íberos, celtas, cartagineses, fenicios, germanos, godos, galos, britanos… eran arrasados y exterminados en aras de la nueva civilización y la expansión territorial de la Pax Romana y su papel de protector. (menos mal que la perspectiva histórica nos transmite su legado social y artístico).

Tras el concepto civilizador romano llega el cristianismo y su defensa de la dignidad humana frente a la esclavitud, el politeísmo y los desmanes morales romanos. Su protector, Jesús, la historia, su sacrifico para nuestra salvación.

Después los musulmanes invaden España, y en más de 700 años nadie se plantea una reconquista. Hay un vacío en España ocupado por los reinos de taifas bereberes mientras que en Europa –donde les daba igual el destino ibérico- las guerras monárquicas se van matando unas a otras; el malo es el vecino, el hijo bastardo, el hermano traidor y el valedor o héroe, el rey absoluto. Volviendo aquí Don Pelayo desde Asturias se inicia una nueva visión del malo; el moro usurpador e infiel que degüella cristianos entre gritos de “Alá es grande” y “Cree o muere”.

Tras un período de sucesiones dinásticas las monarquías se relacionan buscando aliados para destronar al de turno, aliándose en el bando católico contrario (cristiano o protestante) dando así lugar a las persecuciones religiosas, entre herejías, inquisiciones, hogueras y brujas.  El mal toma forma de vecino y así dura quinientos años.

La conquista de América

Paralelamente se inicia la conquista de las Indias, donde el malvado es primero es el indio sin civilizar y cuya religión y costumbres son demoníacas. Después el malo pasa a ser el conquistador, que extermina sociedades y culturas milenarias. Hoy el cuento se debate entre el guerracivilismo exterminador eterno de los pueblos indígenas (mayas, aztecas, toltecas) y sus miles de sacrificios humanos semanales para gozo del dios de la lluvia, del sol o del maíz (la culpa la tenía el peyote y otras sustancias alucinógenas de por allí).

American Way of Life

Siglo XX llega con el American Way of Life y su particular y egocentrista visión del mundo. La Conquista del Oeste es para ellos un hito del hombre valiente, donde el indio arranca cabelleras es un demonio con plumas que impide a caballo el avance de la civilización.

Entonces el cine se convierte en el arma generadora de historias más influyente, y con el desarrollo la industria cinematográfica la generación de malos y villanos adquiere dimensiones de cultura mundial.

Los malvados indios del cine de mediados de siglo dan paso a la visión única de la segunda guerra mundial, donde los americanos son los ganadores y liberadores; primero aliados y luego enemigos –tiene gracia la cosa- de los rojos.

La historia de malos y buenos en Europa se desarrolla entre guerras, la primera y la segunda, donde el malvado es primero el imperialismo después fascismo y tras él el comunismo (a su vez generadores anteriores de sus propios malvados a la inversa). Alemanes y rusos toman el trono de malvados durante décadas ocultas tras el muro; la guerra fría.

El mal llega desde el espacio.

Y cuando se acaban los recursos y la perspectiva histórica que ya no quiere condenar a pueblos por su pasado, y a personas por sus pueblos, el mal llega desde el espacio.

La Guerra de los Mundos inaugura un nuevo escenario de enemigos desconcertantes, difíciles de imaginar y de intenciones desconocidas: Odisea 2001, Star Wars, Alien, …. El mal llega en naves espaciales.

Superadas las cuestiones históricas y con una sociedad cuya cultura comienza a generar conciencias individuales y colectivas no alienadas con el pensamiento único, nos planteamos la maldad en casa, desde dentro. La democracia está en peligro, el enemigo vive entre nosotros; el mal es el antidemócrata (el Padrino, JFK), y después el terrorismo internacional que justifica invasiones. El mal lleva barba pero necesitan darle forma física y lo relacionan con países (Sadam en Iraq y los desagradables talibanes de Afganistán).

Historias de hoy

Entonces los políticos se dan cuenta del poder de la creación de historias, de forma que la gente sienta que las está viviendo. Obama recupera para sí “I have a dream” de Luther King y trabaja con el storytelling como generador de su propia historia, como valedor de los pobres y los oprimidos (muy convincente, por cierto aunque difícilmente sostenible en el tiempo).

Por no hablar de las historias creadas en España en los últimos años (Zapatero como valedor de las minorías y el mago que saca las subvenciones de una chistera, y Rajoy con el descalabro de su niña).

Hoy las redes sociales han creado tal capacidad de crítica y conciencia que es muy difícil hacernos comulgar con ruedas de molino. Así la visión del malo ya no nos viene impuesta. Hoy cada uno tenemos nuestro propio malo (para unos el que da la herencia, para otros e que gestiona la herencia, la prima de riesgo, los mercados, Merkel, la UE, el euro, los chinos). Los contadores de historias ya no las cuentan. Tal vez porque asumen que no nos las vamos a tragar. Esto se pone interesante.

Y yo me pregunto ¿son tan malos los malos y tan buenos los buenos?

Próximo libro: Competir y Ganar

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