Un nuevo plan

nuevo plan

Cambiando sin parar

Esto está cambiando, pero ¿cuándo ha dejado de hacerlo? El mundo gira sin parar, a distintas velocidades, en una vertiginosa carrera tecnológica y también social.

Cada etapa de este cambio nos obliga a repensar estrategia, identificar nuevas ventanas de oportunidad, cambiar los planes de acción. Y hoy no es diferente.

No podemos culpar a nadie de este auténtico desastre que significa el Covid-19. Un freno en tantos frentes, y un paso atrás en otros tantos. Y mientras, seguimos cambiando.

Supongo que, como muchos, siempre quieres algo más, algo nuevo. Y este golpe a las mentes inquietas ha sido realmente doloroso.

El cambio es algo que simplemente ocurre, suele ser imprevisto, y nos pone en permanente prueba de supervivencia. Y hoy no es menos.

El cambio implica adaptación, proactividad, iniciativa, pero sobre todo una lectura correcta de aquello que más nos afecta. Analizar para evitar que nos quedemos estancados, inmóviles. Nada peor que la parálisis.

No es fácil, en eso estamos de acuerdo.

Cambio o transformación

Hay cambios que simplemente requieren adaptación, y otros que requieren una transformación. Y este es el caso. Hace falta un nuevo plan.

Para nuestros proyectos, nuestras empresas, para nosotros mismos, necesitamos ejercer esa transformación, no hay otra opción que resulte demasiado viable que no sea esta. Nada peor que caer en la desesperación o en la autocomplacencia. Quedarse esperando no es algo que vaya a darnos respuestas ni soluciones.

La sensación de pérdida de control sobre la situación, el sometimiento a las tinieblas de la incertidumbre, el agobio, la claustrofobia y la incapacidad de poder hacer algo útil, es letal para nuestro instinto de supervivencia.

Necesitamos un nuevo plan.

Dicen que siempre hay soluciones, si las conoces compártelas porque, seamos sinceros, a ver quién se atreve.

Los nuevos valores

Mucho se está escribiendo sobre el cambio de valores, y puede ser un punto de anclaje interesante para afrontar el nuevo escenario a nivel personal y empresarial.

El golpe a la línea de flotación de la estabilidad está siendo demoledor, para qué negarlo. Y no sólo está afectando a los hábitos de compra, sino a la propia estructura de valores.

La solidaridad, la tolerancia, la lealtad, el comercio de proximidad, la familia, el valor de las cosas pequeñas… quizás cambien la forma en la que nos relacionamos y consumimos.

Yo realmente no tengo claro que esto vaya a ser duradero, pues si de algo estoy convencido es que este tipo de cambios del comportamiento humano son pasajeros. Pronto olvidamos para volver a lo mismo de siempre, con lo bueno y con lo malo que supone.

Cosas que seguirán igual.

No es la primera vez que afirmo que esta sociedad se divide entre funcionarios y no funcionarios. La lucha por la supervivencia no es la misma, ni siquiera se le parece. Pero como no quiero que nadie se ofenda, pasaré sólo un poco de puntillas por el tema, pues el foco de esta reflexión es, para variar, la política.

En la política nada cambia. No hay ERTEs, ni reducciones de salario, siguen a lo suyo. Es realmente patética la sensación de que viven en otro mundo, por cierto, a nuestra costa.

España es el tercer país con más muertes por habitante del mundo, el que más paro va a registrar, el que peor lo va a pasar en la recuperación, el que más impuestos va a subir, y no hay rastro, ni una sola muestra, ni un atisbo de voluntad en disminuir el número de cargos políticos (400.000 frente a una Alemania con solo 100.000 y el doble de población, y con una diferencia en empleo y riqueza bastante sustancial).

Todo está politizado. Al fin y al cabo, la dinámica política se sustento en los partidos, y el único objetivo de estos es gobernar. Y para ello, la vieja estrategia es atacar al contrario, identificarlo como enemigo, diferenciarse de él, y sobre todo hacer lo posible para que tú tomes partido y seas parte del enfrentamiento. Yo no tengo tiempo para distraerme en este impresentable juego, en caer en la trampa de que al final nadie tendrá la culpa de lo que nos espera. Ya buscarán un culpable que no esté para que todo siga igual.

Es lo que hay

Hay cosas que no podemos cambiar, y la anterior es una de ellas. Hay un sentimiento de incapacidad frente a la distancia de lo que es bueno para la política y lo que es nuevo para los demás.

Pero a falta de que ellos nos den soluciones, que no lo harán, tendremos que buscarnos la vida.

No hay recetas mágicas, y si alguien te las cuenta, desconfía. Lo que sí que está claro es que la situación requiere grandes dosis de análisis y mucha prudencia en la toma de decisiones. Pero sobre todo necesitamos un nuevo plan.

¿Y qué podemos hacer? 4 opciones.

Tendré que arriesgarme, porque no puedo dejar una reflexión dominical como esta sin ofrecer alguna respuesta, que realmente no tengo.

Cada uno es un mundo, cada empresa está en una situación diferente, y afectada según distintas variables.

Hay varias opciones:

Opción 1: Esperar a que todo pase.

  • Valoración: Puede ser una opción, bastante prudente y realista.
  • Quién puede o debe: empresas y profesionales que tengan cierto músculo económico que permita unos meses en vereda.
  • Posibles consecuencias: que cuando volvamos la nueva normalidad nos revitalice, o que simplemente ya no tengamos sentido de existencia.

Opción 2: Moverme, hacer cosas, cambiar estrategia y acción.

  • Valoración: teóricamente sería lo más recomendable, pero con mucho análisis y un proceso de toma de decisiones muy cabal.
  • Quién puede o debe: empresas y profesionales poco tocados y aún activos, con cierta capacidad de supervivencia.
  • Posibles consecuencias: tiene riesgo, pero manejando información y llenado a cabo estrategia adecuadas debe ser la mejor vía de superación.

Opción 3: Arriesgar.

  • Valoración: el riesgo es uno de los grandes aliados del beneficio. Hay que se valiente y valorar la alta probabilidad de pérdida.
  • Quién puede o debe: empresas o profesionales orientadas a ventanas de oportunidad, con alta disponibilidad económica, y donde las pérdidas sean asumibles.
  • Posibles consecuencias: éxito total, fracaso total. Posiblemente no haya término medio, pero si el análisis está claro no debe fallar.

Opción 4: Decir adiós.

  • Valoración: a veces es una opción prudente, y hasta valiente. Otras muchas es una triste obligación.
  • Quién puede o debe: Por un lado, empresas y profesionales con proyectos que se van a quedar fuera de la era post covid. Por otro aquellos que hayan perdido suficiente y no divisen posibilidades de recuperación.
  • Posibles consecuencias: adiós a un sueño, el modo de vida, muchas veces familiar, desaparece impregnado de frustración. O también un descanso, sensación de haber hecho lo correcto. Dependerá de la gravedad y profundidad de las heridas generadas, en lo económico y en lo anímico.

Analiza, evalúa, valora posibles resultados de cada decisión, calcula probabilidades de éxito y fracaso en cada una de ellas. Pero no que te quedes inmóvil.

Hoy por hoy tengo otro temor cada vez busco más,
la imaginación me arrastrará… disparará contra algo diferente.

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